1. El propósito no es una meta, es una brújula
No hay una sola respuesta correcta. Tu propósito puede cambiar y evolucionar con vos.
2. ¿Qué te entusiasma?
Pensá en momentos donde sentiste que algo “hacía clic”. ¿Qué hacías? ¿Con quién estabas? Ahí hay pistas.
3. Soltá la presión de tenerlo claro
No hace falta tener todo definido para avanzar. A veces, el propósito se revela mientras caminás.
4. Acciones pequeñas, impacto grande
Un propósito no siempre es algo gigante. A veces es acompañar, crear, compartir, cuidar. Empezá ahí.